El origen emocional y transgeneracional de la diabetes.


La diabetes es una enfermedad que consiste en la incapacidad del cuerpo para aprovechar la glucosa (azúcar) ingerida, lo que provoca que ésta permanezca en la sangre en cantidades superiores a las normales. A la larga tener en la sangre un nivel de glucosa elevado puede derivar en complicaciones que dañan distintas partes de nuestro organismo, fundamentalmente, los riñones, los ojos, los nervios de las extremidades, el corazón y los vasos sanguíneos. La diabetes consiste, por tanto, en la elevación de la cantidad de glucosa en la sangre. Ocurre porque en el cuerpo de la persona disminuye o no existe la secreción de la insulina, que es una hormona producida por el páncreas, y que se encarga de absorber la glucosa que hay en la sangre e introducirla en las células; a su vez éstas la utilizan como fuente de energía. Si no hay insulina, la glucosa no puede penetrar en las células y se queda en el torrente sanguíneo, siendo eliminada más tarde con la orina. El exceso de azúcar en la sangre provoca un exceso de azúcar en la orina, lo que conlleva una sensación de amargura interna en cuanto se elimina ese dulzor. Simbólicamente el azúcar representa la dulzura, el regalo, la amabilidad, la prueba de amor y de reconocimiento, tiene un vínculo maternal. La presencia excesiva de azúcar en la sangre indica que tenemos dificultad en gestionar, en vivir o en obtener dulzura en nuestra vida. Conflicto emocional de resistencia y de repugnancia o repulsión. Si yo presento diabetes, necesariamente he vivido o estoy viviendo, un conflicto emocional en el que yo siento que no he recibido, no recibo, o dejé de recibir, la dulzura y el cariño que me merezco. Puede ser que mi hogar se ha roto por el divorcio de mis padres o por la muerte de alguno de ellos. Tal vez puede deberse a que me hayan abandonado, traicionado o engañado o que haya experimentado violencia o abusos por parte de alguien. Quizás porque crecí solo, sin familia o me criaron otros que no fueron mis padres, etc. “Mi familia no me quiere” “Sufrí mucho de niño, mi infancia fue muy triste” “Mi pareja no me quiere, me humillan constantemente” “Mis padres no me abrazan” Se trata de una situación que no me gusta, no acepto, no la quiero, a la que yo me resisto. “No recibo la dulzura que me merezco” La persona no deja de resistirse. Se resiste a aceptar su sufrimiento, su dolor, se resiste a aceptar que necesita amor y dulzura, se resiste a recibir cariño, trata de hacerse el fuerte. La diabetes, puede presentarse también, ante un conflicto emocional en el que la persona, afronta un peligro que viene hacia él, en posición de resistencia, defendiéndose, pero de manera ineficaz. Miedo a que me ocurra algo a lo que querría poder resistirme: “Miedo a una intervención quirúrgica” “A abortar” “A sentirme empujado a hacer algo horrible" “A sentirme obligado a hacer algo en contra de mi voluntad” “Miedo a que mi pareja me pida el divorcio” “Miedo a tener una enfermedad grave” “Miedo a que alguien se muera” “Miedo a que me puedan hacer daño” También se puede manifestar diabetes tras un fuerte conflicto de separación, en el que alguien siente que ha sido excluido de la familia. La palabra diabetes viene del latín y éste del griego: día: “a través”, betes: “correr”: “correr a través de” Pero, su otro significado es: día: “cortado en dos”. beth: “casa”: “la casa está dividida en dos” “Resisto a la separación y al rechazo que me hacen, es injusto”. “Me siento excluido afectivamente, separado de la casa (trabajo, familia, etc.)”. “Es injusto, yo estoy en el exterior y la dulzura está en el interior, en la casa”. “Es repugnante lo que me han hecho, los otros se quedan en casa». “Mi pareja ya no me quiere, pero yo me resisto a dejarla”. “Me excluyeron de la herencia”. Conflicto activo de resistencia a la autoridad abusiva que hace cosas repugnantes. La insulina es la llave que abre la célula para que penetre el azúcar. Simbólicamente representa a la autoridad. Una persona dependiente de la insulina es una persona que depende de la autoridad. Es una sensación de sentirse en enfrentamiento constante en contra de algo o alguien a quien la persona considera “superior” (aguantar o soportar una situación o una persona durante mucho tiempo) y de preparación para el combate. La persona está frecuentemente ante un peligro y por tanto tiene que estar lista para el combate, como para la huida, teniendo el azúcar listo en la sangre para que sea utilizado por los músculos cuando se dé algunas de esas dos opciones. “Debo resistir porque hay un peligro”. “Me resisto a actuar”. “Me da miedo pasar a la acción”. “Me lo pienso todo tanto que al final no hago nada”. El paciente está listo para la acción, pero no pasa a realizar el acto. Existe cierta noción de impotencia muscular o psíquica puesto que hay un enfrentamiento con una autoridad (país, policía, padre…) al que “me resisto”. Conflicto de miedo más resistencia a la mirada de alguien o de algo que nos produce temor, rechazo, contrariedad, injusticia, etc. “Quiero dulzura pero recibo tortura”. “Me enfrento a la autoridad, no puedo resistirme”. Conflicto de ¡se acabó la dulzura! “La ternura es peligrosa para mí”. “No quiero que entre el amor dentro de mí”. “El amor es tóxico, peligroso (han podido sufrir tocamientos sexuales, o experiencias con familiares que te quieren, pero que te maltratan física o psicológicamente, etc.)”. Es frecuente encontrar, en algunos diabéticos, la sensación de ser vigilados y perseguidos, ya sea porque eso está ocurriendo en realidad o porque se imaginan que eso sucede. Hay diabéticos que, inconscientemente, se hacen obesos para crearse una protección ante las agresiones que está recibiendo o recibió. O para no ser objeto de deseo, por el maltrato sexual o la violación sufrida: “mejor pongo feo mi cuerpo para que los otros no me deseen y no me violen…me resisto”. Diabetes insípida: Trastorno de la función renal caracterizado por una emisión masiva de orina. Tiene la función de eliminar un líquido peligroso. La diabetes insípida, se presenta en personas que sienten una necesidad imperiosa de sobrevivir porque viven sintiéndose “amenazados”. Puede tratarse de algún familiar “castrante” con el que convive, que se la pasa dando órdenes y “debe ser”, todo el tiempo. O quizás, se trata de una autoridad castrante, si es en el trabajo. No hay dulzura alguna. Situación de supervivencia ligada a la madre, hay que deshacerse de un “veneno” real o simbólico inoculado en nosotros (palabras muy duras que nos contaminan. ¿A dónde vas? ¿Dónde estás? ¿A qué hora regresas? ¡Dame eso! ¡Cómprame el pan! ¡Si te marchas, te mato! ¡Eres un inútil, apártate de mi lado! Diabetes del embarazo: conflicto emocional en el que me resisto a una situación negativa con mi bebé, sumado a una repulsión a que exista algo negativo. “Resisto al peligro de muerte de mi bebé porque ya soy mayor, porque ya perdí uno” “Resisto a que mi bebé nazca con alguna enfermedad” Si persiste después del embarazo puede ser debido a que la mamá ha recibido agresiones repugnantes por parte de su pareja o de su padre y desaparecerá cuando ella se libere de esa situación. La diabetes se relaciona también con una tristeza profunda que se produce después de un acontecimiento en el cual sintió rencor contra la vida. (Por ejemplo, tras perder a la pareja, perder dinero, perder a un hijo, perder una casa). Nostalgia de lo que pudo haber sido. El diabético es una persona que generalmente tuvo una infancia difícil con los padres o al menos con alguno de ellos. Puede tratarse de un progenitor que se mostraba con excesiva autoridad (exceso de reglas y de normas) y, en consecuencia, falto de dulzura. Rechazaba todas sus ideas o deseos y tenía que actuar conforme a lo que él le ordenaba. Estas vivencias le han provocado un enorme rencor y, sobre todo, le ha dolido mucho el hecho de no haber sido reconocido. Las personas con diabetes tienen un afán no reconocido de realización amorosa. Al diabético le cuesta mucho entregarse, es incapaz de aceptar, de asimilar y de abrirse al placer y al amor, porque no se creen merecedores. Puede llegar a pensar que no le quiere nadie, lo que podría dar origen a la ira y el resentimiento. Le gustaría recibir amor, pero no se permite mostrar su necesidad, no se atreve a buscarlo activamente: “No gracias, no debo tomar azúcar” El amor y lo dulce tienen una estrecha relación. Es posible que se esté ahogando en un mar de dulzor, convencido de que es incapaz de aprovechar la menor parte del azúcar que contiene. No se sienten valorados ni apreciados. Son personas muy emotivas, trabajadoras y serviciales, pero con muchas expectativas. Siempre están esperando algo a cambio de lo que hacen; dar esperando recibir. Albergan muchos deseos y no solo para sí mismos, sino también para sus seres queridos. Sin embargo pueden ponerse muy celosos cuando alguien posee más que ellos o sentirse culpable, si lo que desea para los demás no se manifiesta.
















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