La Madre Oveja Negra.


La mamá oveja negra es aquella que decide cortar con mandatos patriarcales y crianzas adulto-centristas. Es la que se anima a seguir su instinto, aunque la familia o el círculo cercano la haga dudar. La madre oveja negra es la que decide con plena conciencia cortar relaciones nefastas sin importar el vínculo sanguíneo, cuando se percata de que esos lazos disfuncionales pueden afectar a sus crías. La mamá oveja negra es la que hace terapias de todo tipo para sanar sus heridas de la infancia y para sanar también su linaje femenino interno, muchas veces enceguecido por sus propias heridas no resueltas. Las mamás ovejas negras somos las señaladas con el dedo, esas de las que siempre se cuchichea a sus espaldas, se cuestionan, se critican, se juzgan. En cada familia siempre hay una mamá oveja negra, valiente, que muchas veces se sintió sola, que muchas veces dudó si lo estaría haciendo bien pero que eligió el sexto sentido, el instinto, la tripa, la intuición. En cada familia hay una mamá oveja negra que no solo tiene que trabajar en ella sino en toda la carga del trauma familiar que sus parientes, su pareja y amistades no quieren o pueden ver. Es solitario ser oveja negra…Pero un día cualquiera, más temprano que tarde, cuando la mamá oveja negra decide empoderarse y levantar la frente y la mirada en la pradera, avista a lo lejos a muchas otras ovejas caminando en el sentido contrario al de su rebaño, a contracorriente, como ella. Y cuando se detiene a observarlas mientras avanzan, calmadamente, de rabo a cabeza, algo mágico sucede: se da cuenta que no son ovejas negras, son ovejas dueñas de un brillo único, el que aporta el amor propio, la empatía, la conciencia y la evolución psicoespiritual.

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