top of page
  • Foto del escritorVioleta Zurkan

¿Por qué enfermamos?




Ana María Oliva, especialista en Biomedicina y Bioenergía, nos enseña a reconocer e identificar las distintas “partes” de nosotros mismos que nos hacen perder o ganar ese anhelado estado natural del ser: la salud, y nos desvela las razones de por qué y para qué enfermamos

Muchas veces nos preguntamos ¿qué son las enfermedades?, ¿por qué realmente enfermamos?, ¿qué pasaría si…? entre muchas otras interrogantes. Vivimos navegando en un océano de dudas cuando somos víctimas de dolencias, síntomas, patologías y, aún más, cuando escuchamos palabras que hoy en día se hacen cada vez más cotidianas, como virus, bacterias, contagios, contaminación, entre otras. Es allí cuando surgen todavía más dudas.

Sin embargo, la pregunta tiene que empezar desde mucho más atrás. Primero deberíamos preguntarnos ¿qué es la salud? y ¿qué entiendo yo por estar sano?

Para Ana María Oliva, PhD en Biomedicina y especialista en Bioenergía, la salud es “el estado natural de nuestro ser.” Afirma que, para saber si realmente estamos sanos, “primero debemos averiguar cuántas partes de nosotros mismos reconocemos, para así identificar cómo estamos conformados.”

Lo que vemos: bioquímica y biofísica

Lo que mayormente sabemos, leemos o escuchamos, es que el cuerpo humano está configurado gracias a una bioquímica y una biofísica. Hay quienes solo conocen los procesos que involucran estos dos términos, y los reconocen como los principales causantes de las enfermedades, considerando que solo a través de estos es posible diagnosticar cualquier patología.

Según Oliva, “para quienes solo piensan en bioquímica y biofísica, la salud y todo lo que aborda la medicina preventiva actual es básicamente sacarse una analítica de sangre y ver si tienes un ‘asterisco’ en algún valor, o sacarte una radiografía, o un electrocardiograma y, si todo sale ‘correcto’, pues significa que estás sano. Lamentablemente nuestra medicina actualmente se queda solo en ese nivel.

Cuando entendemos nuestro cuerpo solo en términos de bioquímica y biofísica, podemos pensar que un estado óptimo de salud se alcanzaría únicamente cuando esos parámetros analíticos están en orden. Según Ana María Oliva, “si alguno de esos valores está en desequilibrio, nos pondrán una etiqueta de algún tipo de enfermedad que estará relacionada con un exceso o déficit de ‘algo’, como azúcar, colesterol, presión arterial, entre otros, que a la larga producen una serie de síntomas.


Lo que no vemos: bioenergía y campos electromagnéticos

Evidentemente somos más que biofísica y bioquímica. Según la experta en Bioenergía, “nuestra salud no termina donde termina nuestra piel, sino que estamos rodeados por un campo de energía, pues existe un componente energético muy importante en nuestro cuerpo.” Es allí cuando consideramos que tener salud también se relaciona con que ese campo o flujo de energía circule de manera regular, que no se estanque o se bloquee.

De esta forma, “entenderemos que una de las grandes fuentes o causas de enfermedades tiene que ver con el estancamiento, con el estar demasiado quietos.” Y es que, tal como reza el refrán, “agua corriente no mata a la gente”. Por algo el agua estancada es la que se descompone, y es donde se producen criaderos de microorganismos, mosquitos, etc. Sin embargo, estos no son más que la consecuencia de que el agua esté estancada, no son la causa.

Cuando pensamos en la salud, lo que Ana María define como ese “estado natural del ser”, debemos tener en cuenta que, además de tener una bioquímica y una biofísica en equilibrio, debemos procurar que nuestra energía fluya de manera correcta a través de los canales o meridianos energéticos del cuerpo, que no se produzcan bloqueos, cicatrices o contracturas que impidan el correcto flujo de la misma.

El cuerpo humano es como un circuito eléctrico, posee unas “redes eléctricas” al igual que un campo electromagnético con unas frecuencias propias y con una constitución coherente. Entonces, una vez reconocemos que nuestro cuerpo va más allá de nuestra piel, pues también involucra una parte electromagnética y, además, nos hacemos conscientes de la contaminación electromagnética a la que estamos sometidos en nuestro entorno, entenderemos que además debemos cuidar de esa “nueva” componente. Sabiendo esto, comprenderemos que “la salud se expresará en el estado natural de tus radiaciones electromagnéticas, cuando estas son coherentes, y las frecuencias son afinadas. Incluso, el corazón y el cerebro también tienen una componente eléctrica, así que debemos incorporar este factor en esa mirada introspectiva que nos permita reconocer nuestra propia salud”.

Lo que sentimos: las emociones

Cuando hablamos de salud, es muy importante considerar también otro aspecto: las emociones. ¿Alguna vez has tenido una reacción emocional intensa y, luego de ese episodio, te has enfermado?

Sentimos una emoción u otra en función de cómo interpretamos o digerimos la realidad y todo aquello que nos sucede. A todos nos ha pasado que después de un disgusto, incluso de un episodio de tristeza o decepción, nos hemos encontrado mal de salud. Es completamente comprensible, porque las emociones no son solo algo etéreo, ni están desconectadas de nuestro cuerpo físico. Las emociones son bioquímica alimentando nuestro cuerpo. Son energía cuidando o desarmonizando el propio campo energético.


En este sentido, Oliva indica que “estar en un estado de salud óptimo implica que podamos sentir, filtrar y expresar correctamente nuestras emociones, es poder ‘darles salida’ y encargarse de ellas de manera consciente y responsable.” Y no se trata de no sentir, pues una de las características más relevantes del ser humano es la capacidad de sentir. Se trata de dominar correctamente las emociones, que son ese motor que nos mueve, pues nos proporcionan la energía para poder movernos, emprender y tomar acciones en el día a día. No debemos anularlas, más bien se trata de exteriorizarlas, de no reprimirlas. Entonces, el estado natural del ser implica expresar las emociones de forma adecuada, responsabilizarnos de ellas y utilizarlas a nuestro favor.

Lo que pensamos: el poder de la mente

Estar sanos también se relaciona con tener una mente que nos permita mantenernos en equilibrio físico y emocional, no una mente obsesiva de la que seamos esclavos y que esté constantemente en ‘modo bucle’.

Se trata de tener la capacidad consciente de dominar nuestros pensamientos, para que nos permitan explorar el mundo exterior y, aún más importante, indagar en nuestro propio mundo interior. La idea es tener una mente creativa y pensante que podamos utilizar de manera adecuada en cada momento de nuestra vida.


Es así como la salud se basaría y se expresaría también a través de nuestro estado mental. Sin embargo, “no todos los momentos son para estar en modo creativo ni todos los momentos son para estar en modo pensante. A veces también hay que descansar la mente”. Entonces, en vez de convertirnos en esclavos de la mente, debemos revertir la fórmula y dominarla para que sea un vehículo que podamos utilizar a nuestra manera.

Esto se puede lograr aprendiendo técnicas como meditación, mindfulness, yoga, alguna técnica de relajación o simplemente enfocándose hacia otros pensamientos, que no sean únicamente el trabajo, las preocupaciones, las deudas, etc., sino pensamientos genuinos y adecuados que nos permitan vibrar en positivo.

La enfermedad como mecanismo de autoreparación

Ana María Oliva también define la salud como “la expresión generosa, consciente, coherente y genuina de tu unicidad y de tu felicidad, porque ese es el estado natural del ser.” Entonces, ¿qué pasa cuando nos enfermamos? Debemos entender que nuestro cuerpo no es una máquina, y que está diseñado con el propósito de mantenernos vivos todo el tiempo. Todos los procesos que ocurren en el cuerpo están encaminados a mantenernos con vida. “Si tengo un exceso de ácido úrico, eso irá a la punta del dedo gordo del pie, lo más lejos posible de los órganos vitales para mantenerme vivo”.

Constantemente estamos experimentando interacciones con el exterior y siendo ‘víctimas’ de cambios externos: temperatura y de condiciones meteorológicas, presión atmosférica, composición de aire y de agua, luz, radiaciones electromagnéticas, alimentación, entre muchos otros. Y no solo experimentamos cambios externamente, sino también dentro de nuestro organismo cuando, por ejemplo, interpretamos lo que nos rodea o nos afecta, y generamos una u otra emoción como consecuencia de esa interpretación de la realidad, lo cual puede derivar en un síntoma y en un desequilibrio interno.

Estos cambios, tanto externos como internos, hacen que nuestro organismo, nuestro “terreno interno” como lo denomina Oliva, esté en constante proceso de adaptación. Por ejemplo, si hace mucho calor afuera, nuestro cuerpo emana sudor para bajar la temperatura del cuerpo.

Ante cualquier enfermedad, los síntomas que experimentamos no son más que la respuesta de nuestro organismo ante ese “desafío que llamamos enfermedad”, son señales de alerta del cuerpo para intentar volver al estado de equilibrio.

En este sentido, Ana María Oliva nos anima a “darle la vuelta a la palabra enfermedad para darnos cuenta de que en realidad es una respuesta positiva del cuerpo”, pues resulta ser un mecanismo de adaptación ante un cambio en el terreno externo o interno. “Si estamos nerviosos o estresados, generamos más acidez dentro del cuerpo, y eso hará que las cosas funcionen peor. Si estamos todo el día pegados al computador o todo el día pegados al teléfono móvil, vamos a tener un drenaje de nuestra energía electromagnética y una interferencia muy grande. Y eso hará que los procesos internos no funcionen correctamente.


¿Y qué hará el cuerpo ante estos desequilibrios? El cuerpo intentará solucionarlo a través de síntomas o señales. El ejemplo más claro: si comemos algo que está en mal estado, nuestro cuerpo intentará solucionarlo y expulsarlo a través del vómito, que resulta ser el síntoma.

El problema viene cuando a todos esos síntomas se les etiqueta con el nombre de una enfermedad, y nos conformamos con ese nombre que han escrito en nuestro informe médico, “o le echamos la culpa a un patógeno con tal de no darnos cuenta que toda enfermedad es un proceso en que el cuerpo está intentando solucionar un problema. Es más, no deberíamos llamarles enfermedades, deberíamos llamarles ‘procesos adaptativos’.

La medicina convencional ha establecido el mecanismo de reducir o eliminar cualquier agente patógeno externo capaz de causar síntomas en el organismo. Y, muchas veces, el problema no está en el patógeno, sino en el ‘terreno interno’. “Sabemos cuál es la estrategia que la medicina convencional ha elegido para todo proceso fisiológico: eliminar el síntoma como primer paso, más allá de investigar y abordar la causa del mismo.” Nos hemos dedicado a minimizar síntomas con la ingesta de antitusivos, antihistamínicos, antibióticos, antiinflamatorios, sin darnos cuenta de que, con esos síntomas, el cuerpo está intentando auto recuperarse a través de un mecanismo de autodefensa. “Si me da fiebre, me tomo algo para bajarla porque me da miedo, pero ¿por qué me da miedo lo que la naturaleza hace?


Lo regular es que, si sentimos dolor en alguna parte del cuerpo, tomamos un analgésico. Sin embargo, “el dolor no es más que una alarma que activa nuestro organismo para señalarnos que hay ‘algo’ que atender. Lo que no podemos es tapar el dolor, porque cortamos el cable que hace sonar la alarma sin atender por qué está sonando esa alarma. Si tengo tos ¿por qué voy a querer evitar que mi cuerpo expulse las toxinas tomándome un antitusivo?”.

Tampoco debemos evitar o dejar de tomar un medicamento en algún momento o ante un síntoma determinado, es simplemente escuchar el cuerpo y tomar las medidas adecuadas ante cada situación individual, bajo la asesoría de un especialista médico que escuche e indague, con una visión más global del abordaje de la medicina. “Hay casos en los que es necesario tomar acción pero, lo que no podemos hacer es cortar todos los mecanismos que el cuerpo está intentando ejecutar y pretender que con eso nos vamos a recuperar.

En casos más específicos, como las infecciones por bacterias que requieren la ingesta de antibióticos, Oliva justifica el uso y la importancia de estos medicamentos. Sin embargo, nos anima a indagar en las verdaderas causas de la presencia de esas bacterias. “Cuando te tomas un antibiótico estás matando a las bacterias, sabiendo que esa infección del tipo que sea está ahí por una razón. Es decir, las bacterias no son la causa. Son la consecuencia de que hay algo en el terreno que hay que reparar.” De hecho, asegura que las bacterias no son del todo perjudiciales para nuestro organismo, sino que además cumplen ciertas funciones provechosas, “son comedoras de toxinas, recicladoras de elementos, reparadoras de tejidos, son carroñeras comedoras de tejido muerto. Es decir, están ahí porque hay una serie de condiciones. Si tú simplemente las matas, mejorarán los síntomas de los que tú eres consciente, pero estarás impidiendo el proceso curativo.”

Eso nos lleva a preguntarnos ¿qué es la enfermedad? Y esta podría ser considerada como el mecanismo que utiliza cualquiera de esas partes de nuestro cuerpo, para intentar volver al estado de equilibrio. La reflexión radica en investigar la causa y no solo tratar el síntoma. Ese es el cambio de paradigma que debería ser promovido, apoyado y ejecutado en la medicina actual. Se trata de escuchar, entender y ayudar al cuerpo para que ejecute los mecanismos de autoreparación que está intentando poner en marcha activando mecanismos de defensa y a través de ciertos síntomas, que no son más que ‘alarmas’ que nos indican que algo no está funcionando correctamente. “Se trata de evitar la arrogancia de creer que sabemos más que la naturaleza”, como afirma la experta en salud energética.

Entonces, ¿por qué enfermamos? Enfermamos porque algo en nuestro cuerpo está en desequilibrio, y no nos hacemos conscientes de que ese desequilibrio va más allá de lo físico, pues existen otros niveles o ‘capas’ que afectan directamente en la salud física: el campo energético, el aspecto mental y la salud emocional. “La salud es una energía fluyendo en armonía. Es una coherencia de tu campo electromagnético. Es una emoción que te permite moverte por la vida teniendo la energía que necesitas, para responsabilizarte de la acción correcta. Es un espíritu consciente de sí mismo. Es una mente que sabe encontrar la paz cuando la necesita, que sabe encontrar el gozo y es capaz de expresar la unicidad y la genuinidad de lo que somos.

Sería clave y esencial que esta reflexión sirviera como base para que dejemos de pensar en las enfermedades como ‘fallos del sistema’, y empecemos a percibirlas como procesos que podemos y debemos observar con detenimiento, para ubicar la causa en cualquiera de los niveles en los que se encuentre: físico, bioenergético, mental o emocional. De esta manera, podremos atender las enfermedades de la manera más adecuada y precisa.

La clave está en no temer a la enfermedad, sino en darnos cuenta de que un síntoma simplemente nos está mostrando dónde está el problema, y nos está indicando lo que nuestro cuerpo, de manera sabia, está intentando hacer para recuperar el equilibrio que todos conocemos como salud.


219 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
bottom of page