Los excluidos del Clan Familiar




Siempre que un miembro de la familia es excluido, apartado u olvidado, la familia o el alma familiar reacciona como si se tratara de una injusticia grave que reclamará la expiación. Así ocurre, por ejemplo, en el caso de una persona que por razones morales es considerada indigna de pertenecer a la familia; o cuando alguien ocupa el lugar de un miembro de la familia como si pudiera reemplazarlo; o cuando ya no se quiere saber nada de un miembro de la familia porque su destino causa temor o dolor; o aun cuando tan sólo se le olvida, por ejemplo, en el caso de un hijo que murió durante el embarazo. El alma no tolera que nadie sea considerado más grande o más pequeño, mejor o peor.

En la familia actual del hombre y la mujer y los niños, y en las parejas anteriores, que tal vez forman parte de la familia, y en la familia de origen, en nuestros padres y en nuestros hermanos. Este es un foco relativamente estrecho. Entonces vimos que el amor sigue a distintos órdenes, órdenes muy importantes. Los dos órdenes básicos de los cuales fundamentalmente depende son: Cualquiera que forma parte, independientemente de la manera, tiene el mismo derecho a pertenecer. Ahora, sucede en muchas familias que determinadas personas resultan excluidas, sobre todo los niños abortados, o lo niños entregados en adopción, o parejas anteriores que nosotros rechazamos y con quienes no queremos tener nada que ver. También ellos son parte de la familia, siempre.

Siempre que alguien queda excluido esto tiene repercusiones en toda la familia. Sobre todo por el hecho de que los excluidos serán representados por otros miembros de la familia. Por ejemplo, por niños. Por ejemplo, los padres se ocupan de modo cariñoso de una hija, y ella está siempre enojada con su padre y éste no sabe por qué. En la constelación sale a la luz que ella representaba a una mujer anterior que el padre había rechazado. Entonces recién cuando esa mujer es incluida con respeto, la hija puede volver a ser niña. Esto es solamente un ejemplo. Este es el primer principio básico: Todos los que pertenecieron pertenecerán siempre. Ellos tienen el mismo derecho al reconocimiento.

Muchas enfermedades tienen que ver con que la enfermedad representa a una persona excluida. Aquí podemos ver que la constelación familiar es un movimiento que tiende a la conciliación, para que lo separado pueda volver a unirse. Este es un principio básico.

Algunas personas son excluidas de un sistema familiar porque se dice que no son dignos de pertenecer. Siempre que una persona sea excluida, el sistema queda perturbado y presiona para lograr una reconstrucción y una reparación. Aquel que fue apartado o excluido será imitado más adelante por un descendiente, sin que éste se de cuenta.

Este descendiente se siente como el excluido, se comporta como él y a menudo termina como él.


ALGUNAS MANERAS DE EXCLUIR.

¿Y entonces ahora, cuáles son los hechos así comunes por los que alguien en la familia queda excluído, a quién se le excluye a menudo de la familia? Por ejemplo:

– Niños abortados, niños entregados, a menudo niños discapacitados, medios hermanos a menudo perpetradores de los que queremos deshacernos porque nos avergonzamos de ellos. Ellos serán excluidos. Nosotros pensamos que podemos hacerlo. Pero esa exclusión tiene un fuerte impacto en ese campo espiritual. Pues cada uno que es excluido, cada uno que es olvidado debe ser más tarde -bajo la presión de ese campo espiritual- representado por otro sin que éste perciba interiormente lo que sucede. Esto es una implicancia, pues en ese campo todos están en resonancia con todos. Cualquier cosa que allí suceda influye sobre todos los demás. Aquí, en este ejemplo, ustedes se dan cuenta de que manera a partir de nuestros conceptos morales nos oponemos a los movimientos del espíritu, nos colocamos por encima de ellos y entonces nos quedamos sin su ayuda.

-Parejas anteriores de los padres o de los abuelos. Es decir, que si el hombre o la mujer se separan de una pareja anterior significa que ellos excluyen a esa persona de su alma, es como que se enojan con él, le hacen reproches o le echan la culpa o lo enjuician. ¿Entonces, qué ocurre en la familia? Cuando el hombre o la mujer vuelven a encontrar una nueva pareja, y si con esa pareja tienen un hijo, entonces ese hijo representará a la pareja anterior bajo la influencia de ese alma grande y de esa manera ese alma grande tratará de ordenar el desorden y ese proceso es inevitable.

-Vuelvo a lo de la familia de origen. Supongamos que en la familia de origen alguien quedó excluido, por ejemplo un hijo abortado; esto es una exclusión total, pero ese niño queda en la gran alma de la familia queda y allí tiene su lugar. ¿Qué ocurre en una familia así? A menudo la madre quiere seguir a ese hijo también para expiar, quiere seguir a ese hijo en la muerte y eso los otros hijos lo perciben y entonces uno de ellos le dice: «Yo voy en tu lugar« y eso es una dinámica muy común detrás de las enfermedades. Muchas enfermedades se dan porque uno de los hijos dice: «Yo lo hago en tu lugar«. En la mayoría de las veces eso se lo expresa hacia la madre, muchas veces también el padre, pero también hay otros contextos. Y ahora ese hijo más adelante se enamora completamente y al otro quizás le ocurre lo mismo y entonces mueren juntos. Es decir, que mueren, es una muerte como por amor.

Todas las relaciones luchan con el tema del desorden de muchas maneras. ¿Y dónde es que se produce el desorden en manera especial? Allí donde uno se siente más, donde se pone por encima de otros, sobre todo si moralmente se siente mejor que otros. Cada uno que se siente moralmente superior o mejor es como que enjuicia, juzga a otro y lo excluye de su corazón y eso demuestra que el amor que sirve a la vida es distinto, está más allá de la diferenciación entre el bien y el mal.

-Siempre es el amor, pero no ese amor que muchos imaginan. Algunos aman exclusivamente, es decir, que excluyen a otros de ese amor y eso tiene consecuencias graves. ¿Y quién es el que en primer lugar se le excluye del amor? Aunque suene muy raro es la madre, la persona que tenga excluida a la mamá, no puede amar a ninguna otra persona, tampoco a su pareja, tampoco a los propios hijos. ¿Y entonces dónde comienza el gran amor? Con la madre.

Una mujer me mandó una carta, nunca había ido a una Constelación Familiar, solamente había leído mi libro «Ordenes del amor» y entonces repentinamente se dio cuenta que en su familia había personas excluidas y estaba preocupada por su hija. La hija había cortado todo tipo de contacto con ella hacia muchos años, entonces se dio cuenta que había dos personas que habían quedado excluidas en forma específica: la primera mujer de su marido y el papá de su marido, o sea su suegro. Entonces a la noche prende una vela en memoria de la primera mujer de su marido y la recordó con amor, se inclinó ante ella, hizo una reverencia y le dijo: «te doy mi honra«. Al día siguiente hizo lo mismo, prendió una vela se imaginó al papá de su marido, se inclinó ante él y le dijo: «Te doy la honra«. Al día siguiente llamó la hija: «Mamá voy para allá» eso es orden, muy facil, muy simple.

BERT HELLINGER




¿El árbol genealógico se puede curar?

Sí, pero es un árbol que no está afuera, está en el cuerpo, en los códigos de tu comportamiento que no han sido revisados. Y toma tiempo revisar lo que quedó pendiente. A veces el ego se resiste, pero todo lo que fue excluido, lo que fue rechazado, lo que se negó aprender de una pérdida o un fracaso, se mantiene intacto. Se excluyeron personas por locas, prostitutas, alcohólicas o asesinas y se vuelven secretos, situaciones no procesadas que son neuronas en el cerebro. Y el cerebro quiere siempre integrar todo porque aprende de todo.

La mente aprende por las crisis que están estructuradas para que las personas crezcan. Cuando algo no fue aceptado, dos o tres generaciones después se repite. Hasta que el proceso evolutivo se pueda hacer. Hay que integrar lo que no fue integrado, sobre todo los conflictos, y que el proceso de mutación de la mente humana se pueda hacer. Es decirse a sí mismo, voy a desobedecer a las estructuras del pasado y no me va a pasar nada.


ENFERMEDADES FAMILIARES SE REPITEN PARA EVITAR SER EXCLUÍDOS

Muchas personas que padecen enfermedades que han ido repitiéndose a lo largo de generaciones, las creen congénitas. Dicen por ejemplo:

«Nosotros, los Pérez, nacemos con el hígado débil». O bien: «En nuestra familia todos sufrimos enfermedades cardiacas». La abuela muere de cáncer de pecho, e igualmente la madre y la nieta. El padre eructa continuamente y tiene pólipos en la nariz, y el hijo presenta igualmente estas dos molestias. Si un bisabuelo regresó de las trincheras de la guerra de 1914 con los pulmones roídos por los gases, muchos de sus descendientes sufren enfermedades pulmonares.

Las familias constituidas como clanes, tienen vínculos e intereses comunes que deben proteger. Pertenecer a la tribu es tener la seguridad de ser amado y de que nada te va a faltar. Si uno de sus miembros comete una acción que socava esa unidad, será castigado con la expulsión. (En el inconsciente profundo se mantiene la creencia primitiva de que, en medio de la naturaleza agresiva, el excluido no puede subsistir.

La exclusión se siente como una condena a muerte. El mayor castigo que puede dar la Iglesia es la excomunión. Este deseo inconsciente de no ser excluido de la comunidad, en familias donde la expresión amorosa no se manifiesta claramente, se expresa en «enfermedades comunes» que indican claramente la pertenencia al grupo.

El cerebro, eludiendo el sufrimiento, entre dos males siempre elige el menor. Esto hace que el individuo pueda preferir padecer una enfermedad, a veces mortal pero que lo identifica como miembro de la familia, antes que vivir en el terror atávico de ser abandonado.)


Así, aconsejo a mis consultantes que:

Escoja un objeto cualquiera que represente su enfermedad (un libro pesado, un álbum fotográfico familiar, una piedra, un animal disecado, etc.), lo meta en una bolsa que, durante cuarenta días, llevará encima cada vez que salga de su casa. Al cabo de este tiempo, debe ir a la tumba de su antepasado más antiguo para depositar allí ese objeto, derramando sobre él un pequeño frasco de miel mientras pronuncia estas palabras:

Querido antepasado, no necesito tu enfermedad para estar unido a la tribu». Luego, enviará por correo a cada miembro de su familia un frasco de miel semejante al que ha derramado sobre el objeto que representaba la enfermedad familiar.

Alejandro Jodorowsky (Manual de Psicomagia)


224 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo